Hace unos días conversando con unos amigos, saltó el tema de la inmigración en el Perú. Para ser más exactos la llegada de bolivianos al Perú en los últimos años - que en Lima aún no se nota - que debe ser producto de la crisis económica y social que vive ese país.
La pregunta que saltó primero fue: "¿Habrán tantas demostraciones de xenofobia como en Chile y Argentina cuando el fenómeno se haga más evidente?"
Tenemos la tendencia a creer que el Perú es un país hecho para recibir migraciones. La vieja frase de Ricardo Palma "Quien no tiene de Inga tiene de Mandinga" nos ha creado la imagen de un país variopinto acostumbrado a recibir grandes oleadas migratorias y a integrarlas - con diversa suerte - dentro de la sociedad.
Comparativamente, el Perú no ha recibido tantos inmigrantes como otros países de América Latina - léase Argentina, Brasil, México, entre otros - porque, los intentos de traer inmigrantes, sea por necesidad de mano de obra, para "mejorar la raza" o para poblar ciertas partes del territorio, no han sido muy efectivos.
Si la población del Perú creció en el último siglo, fue básicamente porque la calidad de vida de la población mejoró ostensiblemente, a pesar de la pobreza, las diversas epidemias, los desastres naturales, la precariedad de los servicios de salud y un largo etcétera.
Pero si nunca hemos tenido tantos inmigrantes, la pregunta que salta por sí sola es: ¿Habrá espacio para todos?, aún más ¿Tendremos paciencia y tolerancia suficientes para encarar un reto de tal magnitud?
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